Conocí profesionalmente a Francisco Javier Rigau Ráfols a mediados del año 1995, cuando se convirtió en cliente de mi empresa. La impresión inicial que tuve de él, reiterada en los sucesivos encuentros que se fueron produciendo, fue la de alguien que en principio parecía inteligente, de comportamiento casi siempre presto y decidido, que a su vez alternaba instantes de cordialidad distendida con otros de una mutabilidad emocional algo indescifrable.

El primer incidente imborrable en el que me vi inmerso a su lado fue el suceso que tuvo que padecer la familia de Michel Basilevich en Pere II de Montcada a los pocos meses de haberle conocido (capítulo 1). Suceso que me permitió ser testigo de uno de sus arranques de agresividad más surrealistas, tras permanecer Rigau inmerso en una situación de cierta presión que conllevó que, por primera vez en mi vida, yo tuviera que dar explicaciones posteriores en sede judicial.

Apenas sin tiempo a digerir la trascendencia del los hechos delictivos que secundé en referencia a los Basilevich, poco tiempo después me entregó una declaración para que se la firmara, en relación a unas circunstancias algo extrañas que -eso lo sabría años más tarde- tenían que ver con su litigio con la familia Planas . La secuela de la maldita firma que estampé en aquel papel, de manera tan absolutamente irresponsable, ocasionó que en marzo de 2007 tuviera que sentarme junto a Rigau en la Audiencia de Girona con los flashes de la prensa encima de nuestras cabezas, pues para entonces Rigau ya se había convertido en un personaje mediático.

En aquella Audiencia de Girona coincidí por primera vez con el matrimonio Fornoff , en su condición de testigos de la familia Planas . Nunca olvidaré, ni lo he logrado aún borrar de mi memoria, la profunda sensación de desasosiego que tuve tras escuchar la declaración de la esposa del señor Fornoff .

La relevancia del falso testimonio inmoral que Rigau obtuvo de mí le sirvió -junto a varios documentos amañados para la ocasión- para que la familia Planas perdiese aquel juicio y tuviera que hacer frente a las costas del mismo, aún a pesar de que la única verdad sobre todo aquello fuese la que los Planas habían aportado al procedimiento (capítulo 7).

Mi relación profesional con Rigau nunca fue constante en los años. Podían sucederse dos o tres años en que sus encargos fueran abundantes, como dos o tres en que apenas ni siquiera nos hablásemos. En medio, muy pronto, se incorporó también su madre al listado de mis clientes más habituales. Llegando incluso, en ocasiones, a coincidir más veces con Ángeles Ràfols que con el propio Rigau .

Durante los años en que coincidí más asiduamente con Ángeles Ráfols que con su hijo, lo cierto es que conseguí entablar una cierta complicidad con aquella mujer un tanto altiva y contradictoria. Complicidad que me sirvió para desentrañar los primeros rasgos peculiares del diagnóstico clínico del personaje (capítulo 9).

Coincidiendo con los meses en que se tenía que ventilar el asunto de la familia Planas en la Audiencia de Girona , Rigau intensificó sus encargos a mi empresa. Por eso, en la segunda mitad de 2006 fue habitual que nos reuniéramos juntos por una cuestión u otra. Esta intensidad máxima se alargó hasta el mes de octubre del año 2010, concurriendo el momento en que pensó que podía estafarme una suma de dinero superior a los 300.000 euros. Yo entonces estaba inmerso en un complejo proceso inspector de la Agencia Tributaria -como consecuencia de la derivación de otra inspección iniciada al propio Rigau- y las primeras resoluciones de ésta le hicieron concebir que aquella circunstancia pudiera debilitarme frente a su ataque inesperado.

Lo cierto es que coincidió que nuestras reuniones se intensificaron durante los años que se alargó el affaire Gina Lollóbrígida . Y es que la cuestión de Gina fue un tema recurrente en muchas de nuestras conversaciones (capítulo 10). Pues a pesar de nunca haberme considerado amigo suyo -para él yo tampoco nunca lo fui- sí que es cierto que a su manera siempre me apreció bastante. Supongo que como consecuencia de haberle dado la debida cobertura a más de uno de sus delitos pasados, y puesto que nunca ha podido mantener amistades auténticas que le perdurasen en el tiempo. Su crónica soledad a la postre se convirtió en el canal propicio para que en más de una ocasión se me abriera para desahogarse conmigo, contándome algunas de sus medias verdades, utilizándome en otros lances para esparcir partes inconexas de sus fabulados guiones, o simplemente con el propósito de embaucarme con finalidades que tenían que ver con nuestra mutua dependencia profesional.

Cuando en octubre de 2010 consideró que podía rescindir los compromisos económicos adquiridos conmigo, lo hizo fichando por la espalda al encargado de mi empresa que durante los últimos doce años había supervisado todas sus obras. Evidentemente, ante cualquier pregunta futura que se diera en un juzgado, este hombre iba a declarar -y de hecho así lo ha hecho, y lo sigue haciendo- todo lo que le conviniese a su nuevo empleador.

Ante la coyuntura imprevista que Rigau me había creado, a partir de diciembre de 2010 desarrollé memoriasrigau.com, tras ser consciente que éste pretendía estafarme en referencia a una obra de la que apenas poseía la documentación necesaria. Tras dieciséis años de trato cordial y confianza mutua, en los que apenas firmamos documentos entre nosotros, fue fácil deducir que me encontraba en clara desventaja frente a lo que se me venía encima. Por eso la página web debía constituir una especie de arsenal armamentístico que me permitiese negociar con Rigau un acuerdo extra judicial que pudiese ser razonable para ambos. Conocedor de sus amplios conocimientos jurídicos, de su infinita mala leche, del alcance de parte de sus pasadas estafas, y de las absoluciones inconcebibles que suele obtener de los juzgados, era comprensible que varias veces le propusiera no hurgar más sobre su mierda y ahorrarnos futuros padecimientos mutuos.

Rigau , que nunca ha dejado se considerarse un semidiós humano, no sólo se rió en mis narices de mis cuerdas propuestas sobre posibles puentes de acuerdo, si no que hasta me denunció ante los Mossos D´Escuadra por robarle en el emplazamiento donde yo le había realizado los trabajos que no pensaba abonarme. A lo que no me quedó más remedio que asimilar su insensatez y jugarme todas mis cartas en un juzgado ordinario, a expensas de enfrentarme a un experto sin escrúpulos en cuestiones judiciales. Para obtener en primera instancia una sentencia favorable para mis intereses por valor de 228.400,34 euros, mientras seguía sin descuidar la intensidad de unas investigaciones que ya empezaban a proporcionar sorprendentes descubrimientos.

El propio hecho de la existencia de la página web determinaría que me pusiera en contacto con personas del entorno televisivo nacional para filtrarles la fecha de la boda entre Rigau y Gina . La filtración desencadenó la segunda intervención de Rigau en DEC , y la emisión en el mismo programa de parte de una conversación grabada, en la que yo hablaba con Kike Calleja de manera distendida. Sin mi consentimiento finalmente incrustaron extractos de esa conversación privada, mientras reproducían imágenes de la jornada del juicio celebrado en la Audiencia de Girona (capítulo 11). Todo ello en unas fechas en las que creí erróneamente que Rigau y Gina habían contraído matrimonio de mutuo acuerdo.

Lo siguiente que sucedió es que varias familias barcelonesas, todas ellas estafadas con anterioridad por Rigau , se pusieron de inmediato en contacto conmigo.

Tengo que confesar que, tras conocer de primera mano algunas de las confidencias de esos damnificados, mi estómago sólo quería vomitar por aquello. Pues nunca hubiera creído, ni nunca lo intuí de esa forma en el pasado, que Rigau hubiera sido capaz de hacer las atrocidades que en su vida ha realizado.

Conocí en persona a los Fornoff (capítulo 8), y tras ello sólo puedo clamar a los cuatro vientos para que se sepa toda la verdad de lo que le ha sucedido a este matrimonio. Que se reabra judicialmente un procedimiento que legalmente ya ha sido agotado por los estafados. Pues si en este país aún le queda algo de dignidad al estamento fiscal, que actúe ya de una vez en respuesta a la contundencia de lo que ahora sabemos.

Me encariñé de la entrañable Marita Guerín , y de buena parte de los integrantes de su familia. De una Marita Guerín que pasó de ser la amiga más entrañable del “monstruo” -término acuñado por la mayoría de sus víctimas- a su enemiga más acérrima (capítulo 14). En medio Marita ha visto como parte de su patrimonio ha pasado de manera fraudulenta a manos de Rigau , sin que la justicia haya sido capaz de darle la razón de momento (tras ganar en primera instancia ha perdido en el posterior recurso la primera de sus demandas).

Trabé amistad con el abogado madrileño Javier Saavedra . Su cordialidad y su hospitalidad innata se convirtieron en el mejor conducto desde el que Rigau explotó a su conveniencia la confianza que éste le llegó a dispensar. Arrastrando consigo a colaboradores del despacho del abogado en su traición, cuyo salto al vacio me resulta incomprensible. Tal como ha sucedido, y sigue sucediendo, con otros falsos testimonios imprescindibles del esperpéntico currículum delictivo de Rigau .

Coincidí en numerosas ocasiones con Pilar Tomás Acosta . Siendo testigo de su llanto y su desesperación. De su duelo presente por la pérdida reciente de su marido, que se fue de este mundo, en parte, por el mazazo brutal que le supuso saberse estafado por quien creyó era su amigo. Por fortuna Pilar constituye a día de hoy otro caso perdido por Rigau en primera estancia, pues el tramado delictivo urdido para esta ocasión pudo desmoronarse a tiempo (capítulo 13).

Departí con Silvia Bertrán Folqué para retroceder a las fechas en las que yo mismo fui testigo de como Rigau se apropiaba indebidamente de una residencia geriátrica, puesta en marcha por la familia Bertrán tras haber invertido una importante cantidad de dinero (capítulo 6). El siguiente cruce de acusaciones y querellas mutuas que se produjeron provocaron en esta mujer una herida de la que todavía hoy no se ha rehecho. Amén de haberle arruinado para siempre -moral y psicológicamente- su propia existencia.

Visité en Roma a Gina Lollobrígida , y ella hizo lo mismo conmigo en Barcelona. Lo que me ha permitido tener la oportunidad de intuir lo que está padeciendo esta mujer en el tramo final de su vida. El tramo final de la vida de cualquier ser humano que no se merece un final como éste. Porque si de algo me arrepiento de lo hecho, a partir de la propia repercusión de esta página web, es de haber sido el detonante que ha provocado que Gina se haya enterado de todo lo que Rigau le ha hecho a sus espaldas (capítulo 12). De las propias ramificaciones incontroladas que siguen horadándola por dentro a partir de la confirmación de la existencia de este inexplicable matrimonio. De la indigerible traición infringida por una Gulia Citani que se ha aunado ilícitamente al diseñador de causas vomitivas. De las propias maniobras bajeras y nauseabundas de su propio hijo Milko , que aprovechándose del caos reinante en la actualidad pretende pescar en río revuelto. Aún al precio de tener que asociarse a un ser tan despreciable como Rigau .

En contraposición al asombroso avance de las indagaciones obtenidas conviene reseñar que ningún medio “mediático” nacional -ni local- aún se ha dignado a interesarse, de manera audaz, por la trascendencia de los actos ejercidos por un personaje que ellos mismos se cuidaron de encumbrar públicamente en un pasado reciente. Tan solo avezados como están a cotillear sobre minucias irrelevantes humanas, no han demostrado tener el más mínimo coraje por destripar la ruindad extrema de una de sus propias creaciones, ni han valorado en su justa medida la gran repercusión que en Italia hubiera originado la exposición pormenorizada de estos hechos. Posiblemente como consecuencia de la pleitesía pusilánime que les surge del miedo a las previsibles inconveniencias de alguien tan proclive a querellarse en los juzgados.

En España judicialmente cada procedimiento es juzgado con independencia del historial delictivo del infractor, salvo los casos en que hay violencia de género o hay violaciones de por medio. Por eso, en la práctica, el amplio historial delictivo de Rigau apenas le ha afectado lo más mínimo en el resultado final de sus sentencias.

Rigau casi siempre consigue firmas auténticas sobre documentos en blanco. Paralelamente es un experto en cuestiones caligráficas, pues hasta ha impartido cursos de formación sobre la cuestión. Por eso no se arriesga utilizando firmas falsas (salvo caso capítulo 5). Conoce a la perfección los mecanismos jurídicos, siempre preparando contra pruebas irrebatibles a su conveniencia. A eso hay que agregar que también es un experto en el abanico de entresijos técnicos en los que se desenvuelven los notarios, pues para eso de joven opositó a notarias. Su diagnóstico meramente clínico -desde mi humilde opinión- debería de corresponderse con el de un psicópata enfermo que está dotado de amplios conocimientos judiciales y notariales.

Este personaje es mucho más eficiente cuando se prepara sus estafas con la suficiente antelación. De manera impecable liga todos los cabos sueltos de sus estafas. Manipula, enreda, presiona, chantajea o soborna a las personas que va a necesitar para que le den cobertura legal (chantajear es su opción más utilizada, mientras que la del soborno sólo la utiliza como último recurso). Se sirve de falsos testimonios a partir de personas que merecen total credibilidad en los juzgados (abogados, empleados de banca, profesionales cualificados como arquitectos, constructores o asesores fiscales, personas con una gran relevancia por su posición económica o social). Tras maniobrar bordeando los límites que marca la legalidad, consigue documentos trascendentales a partir de negligencias inconcebibles cometidas por fedatarios públicos. Mayoritariamente su objetivo se ha centrado en estafar a personas mayores, generalmente sin hijos ni pareja, a veces mal relacionadas con sus familias, o faltadas de afecto o comprensión. La cercanía al momento de la defunción de sus víctimas le ha dotado de una garantía suplementaria en sus siniestros manejos (capítulo 3). En la práctica, a nivel judicial, los jueces (que desconocen su historial delictivo) se ven “obligados” a concederle sentencias favorables, aún a pesar de resultarles desagradable el personaje que tienen frente a ellos en los juicios orales (capítulo 4).

Y si de los juzgados no obtiene los dictámenes apetecidos, todo seguido empapela a sus contrarios con querellas disparatadas y extravagantes. Alargando sin miramientos los tiempos de esos procedimientos molestos. Al tiempo que no se descuida de amedrantar a todo aquel que, por una razón u otra, le haya pretendido perjudicar en sus ilícitos objetivos.

De lo que, sin duda, yo puedo ser un claro ejemplo.

Barcelona, marzo de 2014

Cesc Santandreu

memoriasrigau2010@gmail.com

Capitulo 1
Desahucio violento a la familia Basilevich
Capítulo 2
Fallecimiento de su abuelo materno en extrañas circunstancias

Capítulo 3
El consumado despegue patrimonial de Rigau: La anciana Montserrat Corrons Prat
Capítulo 4
Estancia de un joven Rigau en la prisión de Figueres
Capítulo 5
Condenado por intento de estafa tras falsificar la firma de un anciano fallecido
Capítulo 6
Vil apropiación de una residencia geriátrica recién montada
Capítulo 7
Estafa y chantaje exitosos a la familia Planas
Capítulo 8
La estafa perfecta (o casi no tan perfecta) a la familia Fornoff
Capítulo 9
Oportuno incendio en Espluges de Llobregat
Capítulo 10
No hay boda que se precie sin anillo de esmeraldas. Estrategias previas de Rigau a espaldas de Gina Lollobrigida
Capítulo 11
Javier Rigau se ha casado con Gina Lollobrigida sin ella saberlo
Capítulo 12
Formación de un matrimonio eclesiástico de manera fraudulenta
Capítulo 13
Caso Vargas. Desenmascarado a tiempo en un nuevo intento de estafa nada novedoso
Capítulo 14
Marita Guerín. Unos SMS demasiado esclarecedores
Capítulo 15
Una ilegalidad urbanística en pleno corazón de Barcelona